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Iluminan el Festival Zacatecas del Folclor Internacional “Gustavo Vaquera Contreras” 2025 con el espectáculo del Ballet Folclórico Sabor Boricua, procedente de Puerto Rico.
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Con una trayectoria que inició en 2008 como Agrupación Folklórica Elmyrba, Sabor Boricua ha logrado consolidarse como un referente en la enseñanza y proyección del folklore puertorriqueño, dentro y fuera de la Isla; de esto fueron testigos las y los zacatecanos y sus visitantes.
La edición 28 del FZFI recibió a esta agrupación, acreditada por el CIOFF desde 2014, que hizo gala de una propuesta escénica llena de fuerza, historia e identidad, que reflejó el crisol cultural de su país: raíces taínas, herencia africana e influencias europeas.

El público zacatecano disfrutó de un programa diverso y dinámico que recorrió distintas épocas y estilos del patrimonio musical y dancístico de Puerto Rico. Desde la elegancia de los bailes de salón del siglo XIX, hasta la energía contagiosa de la bomba africana y la alegría campesina de la plena, cada estampa fue una celebración del alma boricua.
La presentación también incluyó toques modernos, como la salsa urbana del siglo XX, que encendió los ánimos y provocó el aplauso de propios y visitantes.

Antes, en este mismo espacio, representó con su música y sus bailes a Zacatecas el Ballet Folklórico “Quetzalcóatl” de Buenavista, Tepetongo y EsDanza, Compañía de Danza Escénica, mientras que en el Teatro Fernando Calderón, el escenario fue ocupado por la gala de Sinaloa, a cargo del Grupo de Danza Folklórica Juvenil “Kuyualim Jiapsa Ye´Ye” y el Ballet Folklórico Trancoso, de Zacatecas.

La Plazuela Miguel Auza tuvo la presentación de Mexicantares, agrupación zacatecana que fusionó música tradicional mexicana con elementos escénicos y que logró cautivar al público, con un repertorio lleno de sentimiento, arraigo y orgullo nacional, en un ambiente cercano e íntimo.
Antes, el foro de Danzas Tradicionales se llenó de color y vida con la participación de la Danza de Matlachines “El Divino Niño Jesús”, originaria de Vetagrande, Zacatecas, cuyos integrantes, con vestimenta colorida, tambora vibrante y movimientos cargados de simbolismo, ofrecieron una estampa profundamente arraigada en la tradición religiosa y festiva de la región.
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